domingo, 20 de abril de 2014

Escuela primaria convertida en cuartel militar y centro de represión

Dania Virgen García


En la mañana del día 12 de abril cinco mujeres, entre ellas esta reportera y dos periodistas oficialistas, fueron agredidas por más de una decenas de agentes del orden público y jefes de sectores pertenecientes a la 11na unidad de la Policía Nacional Revolucionaria de San Miguel del Padrón, el chofer del primer secretario del Partido Comunista del municipio, integrantes de la Asociación de Combatientes de la Revolución, y varios de los llamados “factores” que se encontraban en la escuela primaria ¨Conrado Benítez¨.

Los hechos ocurrieron así.


Me encontraba en mi casa junto a  Yaquelin Boni, que se había quedado desde el día anterior para preparar las cosas que le iba a llevar a su hijo Yasser Rivero Boni, quien se encuentra ingresado en la sala de terapia del hospital de reclusos del Combinado del Este, y tenía visita programada a las 10 de la mañana, donde la estaban esperando oficiales de la policía política en la prisión, cuando mi hija me llamó y me dijo que había conseguido un paquete de galletas para Yasser.

Salimos Yaquelin Boni y yo para la casa de mi hija a buscar las galletas. Para ir a su casa, tengo por obligación que pasar por la escuela “Conrado Benítez”, que es donde estudia mi nieto.



Eran las 8 y 45 de la mañana. De repente, el chofer del secretario del PCC del municipio que estaba dentro de la escuela se arrima a mí en la calle y empieza a ofenderme  y a provocarme.  No reaccioné a su provocación. Le dije: “usted me ofende y yo le doy mi mano”.  Me contestó: “yo no le doy la mano a los contrarrevolucionarios”.  Siguió ofendiéndome y de inmediato ordenó, como si él hubiera sido el máximo representante del PCC, al jefe de grupo de sectores, 1er teniente Osmani Vega Martínez, que me esposara y me detuviera. Luego,  se montó en el carro estatal que maneja y se marchó.

Yaquelin Boni  pensaba que esta persona era un amigo que estaba bromeando, hasta que dijo “contrarrevolucionaria”. Entonces exclamó: “Dania, ¿qué es esto?”. El chofer ordenó que la detuvieran también. 

Se nos lanzaron encima cuatro agentes y el 1er teniente, quienes nos golpearon y me esposaron con  las manos a la espalda.


Dentro de la escuela, me amenazaron con caerme a golpes. Dos periodistas oficialistas de la TV cubana, que se encontraban allí (después me enteré que estaban allí por una actividad con los niño), al ver el abuso que estaban cometiendo con nosotras, protestaron y se pusieron a grabar. El primer teniente Osmani Vega las empujó, y a la periodista que tenía la cámara se la arrebató, y le rompió el trípode.  Cuando las dos periodistas, que temblaban de miedo, se identificaron, el oficial dijo “no me interesa”. 


Surella, una amiga que me había encontrado en el camino a la casa de mi hija, Zuzy Sarai Viera García,  salió corriendo y le avisó a mi hija de lo que estaba sucediendo.

Cuando mi hija llegó y le preguntó  al jefe de los sectores qué había sucedido, este ordenó que la detuvieran tambien, yo le dije que la dejaran, que mi nieto lo iban a dejar en la calle y ella no les había dicho ninguna ofensa. Entonces nos montaron a las tres a empujones y golpes en el carro patrullero. Mi hija recibió un golpe en un seno.

Por el camino, uno de los policías comenzó a llamar y a decir que tres delincuentes estaban haciendo una acción contrarrevolucionaria.  Le dije al agente que nosotras éramos defensoras de los derechos humanos y empezamos a gritar  abajo los Castro.

Ya en la 11na unidad, el chofer del patrullero nos sacó a rastras. Mi hija cayó en el piso. A Yaquelin le dieron un empujón y la tiraron contra la pared, y perdió el conocimiento.  Fue arrastrada por dos policías a casi más de tres metros. A mí me llevaron a empujones hasta un banco.

Mi hija y yo comenzamos a pedir auxilio. Más de 40 policías hombres y mujeres  se encontraban presentes, pero nadie acudió a socorrer a Yaquelin Boni.

Luego de 20 minutos, apareció un represor de la policía política del municipio que se hace llamar Diosdan.  Le grité su nombre y le dije que nosotras no habíamos cometido ningún delito,  que mi nieto se había quedado solo en la calle, y que le dieran auxilio a Yaquelin. Me contestó: “Conmigo no hables, este es tu problema, a mí no me interesa”.

30 minutos después que se cansaron los policías de amenazarnos y gritarnos ofensas, y de acusarnos de desacato, nos enviaron para la unidad de Aguilera, situada en Lawton, municipio Diez de Octubre.

Nos lanzaron como si fuésemos animales contra la guagua que utilizan para el traslado de presos. Un policía se aprovechó y me manoseo.

En la unidad de Aguilera había represores de la policía política. Esta reportera se les arrodilló, llorando, todavía con las esposas puestas, y les expliqué que mi nieto se había quedado solo en la calle, y les pedí que liberasen a mi hija. El corazón no se les suavizó y nos encerraron en un calabozo.

En los calabozos gritamos frases antigubernamentales. Gritamos que el PCC y la policía fueron los que hicieron contrarrevolución al politizar y dar un espectáculo de violencia en un acto escolar.

Mi nieto estuvo bajo el amparo de los vecinos por seis horas, hasta que liberaron a mi hija.
El jefe de la unidad de Aguilera me empujó cuando iba camino al interrogatorio por parte de los instructores de Villa Marista.

Luego que nos interrogaran a Yaquelin y a mí, les preguntamos a la instructora de Villa qué iban hacer con el chofer del PCC y los policías que nos agredieron. Nos contestó que nos dirigiéramos a la 11na unidad y lo acusáramos.

Esta incitación fue para luego decir que fuimos a provocar a la unidad y acusarnos, por lo que decidimos no hacerlo.

Nos liberaron a la seis de la tarde.

Las personas que nos agredieron quedaron impunes, como si no hubiera pasado nada.
Que me diga ahora Mariela Castro, Raúl Castro, y Miguel Díaz-Canel, que esto no fue un acto de violencia de género contra cinco mujeres cubanas. Fue abuso de poder, y  provocación. Se debió a la inquina personal de la policía, el PCC y el Poder Popular del municipio, por las informaciones que doy  como periodista independiente de la corrupción, los negocios ilícitos, la malversación, el cohecho, el abandono a las escuelas, y en especial la de mi nieto.

Que me digan que hubiera pasado si a mi nieto le hubiera ocurrido algo.

Quiero aclarar que nunca he mezclado a mi hija, y muchísimo menos a mi nieto, en mis actividades como periodista independiente, y que jamás he escenificado una protesta en una escuela, y menos en la de mi nieto.

Las autoridades del municipio de San Miguel del Padrón movió un ejército, patrullas, paramilitares, y brigada de respuesta rápida, todos se personaron frente a la escuela donde estaban los niños que iban a participar en el acto.

La escuela primaria se convirtió en un cuartel militar y en un centro de represión.
Utilizaron en la provocación a elementos de pésima conducta y poca moral. Uno de los integrantes de la Asociación de Combatientes  tiene un hijo preso por violar a una menor.

El chofer del secretario del Partido participó en el mitin de repudio que me hicieron en el año 2011. 

He sido ofendida a decenas de veces por estas personas.


Esta es la tercera vez que utilizan a los niños de esta escuela para hacer actos políticos contra mi persona. En  dos actos de repudio frente a mi casa han utilizado a niños.

dania@cubadentro.com

 
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