miércoles, 7 de agosto de 2013

Otro caso de corrupción en las altas esferas del gobierno

Dania Virgen García

Vicente Ramón Bárcenas Carracedo, el mismo compañero, que desde su cargo de Director de la Empresa Provincial Alimentaria de La Habana, le anunciaba cada año a todas las madres de la capital, que recibirían en su día, un cake, hoy está tras las rejas cumpliendo una larga y merecida condena.

Es sorprendente la sangre fría con la que actuaba este sujeto, quien posaba ante las cámaras y discutía en los plenos del gobierno provincial, mientras por detrás malversaba y robaba de la manera más enfermiza y oprobiosa.

Vicente Ramón Bárcenas, desde sus sucesivos cargos de Director en Gastronomía de Playa, de Doña Yuya, de la EPEA y por último de la Empresa  Sylvain de Ciudad Habana,  llamó la atención a las autoridades superiores a partir de numerosas cartas anónimas recibidas. Después de ser investigado a fondo, se le pudo comprobar  que cometía numerosos delitos, tales como, malversación, soborno, cohecho, apropiación indebida y otros, los que le habían agenciado un inmenso capital y una suma en efectivo de más de un millón de CUC y mas dos millones de pesos en Moneda Nacional, malversado todo este dinero, en las empresas donde estuvo como Director, pero en especial, en la  empresa Sylvain de Ciudad Habana.

A esto hay que agregarle todas las propiedades adquiridas, tales como, casas, fincas, mini-fábricas, equipos electrodomésticos y automóviles.

Para que se tenga una idea del ascenso vertiginoso de este compañero militante, debemos recordar que Vicente Ramón Bárcenas en el año 1995 era un simple funcionario de servicios de la Empresa de Gastronomía de Plaza. A principios del año 2001 fue nombrado Director Provincial de la  célebre Empresa Doña Yuya, de Ciudad Habana.

Todos conocen que logró este ascenso vertiginoso, sobornando y corrompiendo a dirigentes del sector y del gobierno, a funcionarios de otras empresas y a trabajadores subordinados, además de importar desde Las Tunas, su tierra de origen, a decenas de personajes, quienes fueron sus cómplices incondicionales, y que eran tan corruptos e inmorales como él mismo. A estos personajes los nombraba en los cargos claves en las empresas que dirigía y así podía actuar con impunidad total.

Aprovechó todos estos cargos de manera engañosa y se apropió de un almacén perteneciente a la Empresa de Gastronomía de Playa, en la calle 27 y 74 Avenida, y lo convirtió en su lujosa vivienda, con recursos de la empresa, por supuesto. Después se compró dos autos Lada y una finca en Candelaria, Pinar del Rio, donde construyó cochiqueras y una mini-fábrica de ahumados y carnes embutidas, productos que se auto-contrataba y se vendían a los estudiantes extranjeros de medicina, de la ELAM en Santa Fe, lugar donde había nombrado a su esposa como la Administradora de la Gastronomía en esa institución.

En esta escuela de medicina hacían negocios lucrativos con los alumnos y lavaba su dinero, cambiándoles la divisa a los alumnos por debajo del precio de oficial de la Cadeca.

Se sabe que fueron miles de dólares los que lavaron en este lugar. Tenía fachada de buen dirigente, era militante del Partido Comunista de Cuba y era además colaborador público de las autoridades policíacas. Es sabido que por sus denuncias y sus medidas administrativas, ayudó a formar expedientes investigativos y judiciales, muchos de ellos falsos, y que promovió el envío a la prisión a decenas de trabajadores y de administradores de estas empresas de la cual fue su dirigente. Muchos de los sancionados eran personas inocentes. 

Ramón Bárcenas paso de ser un simple agente informante de la Policía, reclutado por comprometimiento al ser cogido infraganti en un negocio de menor cuantía en el año 1997 en Plaza, a un influyente Funcionario Honorario del DTI (Policía Económica), posición que le daba cierta inmunidad para cometer sus tropelías y quitar del medio a todos los que le estorbaban. Hoy está tras las rejas. La Fiscalía lo procesó y el Tribunal Provincial lo condenó a 20 años de privación de libertad.

Al corrupto Vicente Ramón Bárcenas Carracedo, los mismos que ayer le premiaban por sus informes calumniosos y por su supuesta colaboración anti-delictiva (el Capitán Hilarión, por ejemplo), hoy le desprecian y lo sancionan por ser  un traidor, un simulador, un vil ladrón y un truhán de poca monta, al igual que todos los que llegan hasta allá arriba, que comienzan a trabajar de chivatones y después roban sin piedad.

Aunque culpen a “los contrarrevolucionarios y asalariados del imperio” como ellos dicen,  los primeros contrarrevolucionarios son ellos, como lo dijo en este último pleno el dictador Raúl Castro, al igual que dijo su hermano una vez.

Historias como estas las conocen todos los dirigentes, ministros, el MININT, las FAR, los delegados de las circunscripciones, los presidentes del Poder Popular, los militantes del PCC.


dania@cubadentro.com

 
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