martes, 7 de mayo de 2013

Las prisiones oscuras


Dania Virgen García

La epidemia del cólera que azotó a la mayoría de las prisiones cubana, causó graves estragos entre los presos, que fueron los más propensos a la enfermedad por la falta de higiene, la hambruna, y  la deficiente en la asistencia médica.

El general Marcos, y sus subordinados de la Dirección de Cárceles y Prisiones   prohibieron la entrada de alimentos elaborados que les llevaban los familiares a los presos con mucho sacrificios, cada 45 días y más.

Una buena parte de la población penal  es pobre, y   sus familiares son de lejanas provincias. 

La comida de los presos es poca, mal elaborada y a menudo en mal estado.

Más del 80 % de la población penal está desnutrida.

Por la carencia de la atención médica bucal, a un 60 % de los presos se le han caído los dientes, o los tienen picados y partidos. 

Un 30 % de los presos pierden la visión con rapidez.

Cuando un virus ataca a las prisiones, la mayoría de los reos se contagian por el deterioro de sus sistemas inmunológicos.

Los que padecen enfermedades crónicas se agravan con el tiempo, mayoritariamente los hipertensos, diabéticos, tuberculosos, enfermos de VIH-SIDA, ulcerosos, cancerosos, cardiópatas, y otros.

A cinco meses de la epidemia, continúa la prohibición de llevar alimentos a las prisiones, pero esta vez es justificando que los fármacos que poseen los reos dentro del penal son abastecidos por los familiares.  Se sabe que los que mantienen el negocio de  las drogas dentro de las prisiones son los médicos, enfermeros y carceleros, que se los suministran a los llamados disciplinas, que son generalmente  presos con altas sanciones (asesinos, violadores, pederastas y otros).

A los presos les dan un sancocho que no sirve ni para los animales, en una triste y mínima ración que no supera  los 120 gramos, de aporreados de tenca con olor ha podrido, con espinas y  vísceras incluidas, picadillo putrefacto con arroz, espaguetis, y alguna yerba. Ese es el plato fuerte. Una mezcla  lo más parecida a un vómito de perro.

Los potajes son chícharos  nadando en agua, con gorgojos,  arroz con  semillas y piedras, todo esto elaborados sin aceite y sin condimento alguno. Las mermeladas son ácidas y fermentadas, las ensaladas podridas, con tierra, caracoles, lombrices, babosas, el pan con  cucarachas, mierda de ratones, y moscas; lo que llaman leche es un cocimiento con sabor a tierra y orina.

Para los incrédulos, cuando estuve presa, fui testigo de este tipo de alimentos.

La corrupción de los fármacos en las prisiones, no ha desaparecido. Al contrario, ha crecido. Cómo es posible si ya los familiares no pueden entrar comida elaborada a los presos y al entrar al penal, después de las visitas familiares y los pabellones conyugales, son desnudados, tienen que hacer cuclillas, y son requisados minuciosamente por los carceleros.

Las imposiciones de los carceleros y los altos funcionarios del MININT, en las prisiones son artimañas para proteger a los verdaderos traficantes.

En las prisiones cubanas todos los uniformados conocen cómo funciona el negocio de los sicofármacos.

Los carceleros y los trabajadores civiles, son los que diariamente introducen estos medicamentos, incluyendo el alcohol de 90 grado con el que los presos fabrican  las bebidas carcelarias. Los llamados disciplinas paramilitares, los chivatos, son los encargados de vendérselas a los presos.

Solo hay que estar en la entrada de las prisiones y ver como los carceleros los trabajadores civiles, y los militares, con mochilas, bolsos, cubetas, galones, y hasta los bolsillos llenos de fármacos y  alcohol, que introducen en sus oficinas para la corrupción y sus negocios.

También se ven a la salida las cubetas llenas de comidas para los cerdos, dentro de este sancocho se introduce  los nylon de alimentos no elaborados, para su uso personal.

Estos actos de corrupción ocurren desde hace muchos años, delante de los ojos de los altos oficiales del MININ T, que son los supuestos encargados de combatir la corrupción.

Estos oficiales del MININT y sus carceleros,  torturan, roban, atentan contra la vida de los  presos enfermos o en huelga de hambre, les propinan golpizas hasta dejarlos con cicatrices para toda su vida, los matan de hambre, con sobredosis de sicofármacos,  reprimen a los que denuncian las violaciones.

Se jactan de que ellos son los que mandan en  las más de 200 prisiones y campamentos de trabajo forzoso CETEN, donde los presos son tratados como animales.

Solo le digo al Ministro de Relaciones Exteriores, MINREX, Bruno Rodríguez Parrilla, que debe verificar bien el informe que entregó en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU,  ya que le están haciendo quedar muy mal parado.

¿Sabrá lo que piensan los familiares de los presos que sufren diariamente los atropellos de los carceleros?
Sin menospreciar al ministro del MINREX, y a sus  acompañantes, esta reportera está dispuesta a ayudarlo a entregar un buen informe al Consejo de Derechos Humanos de  la ONU.

dania@cubadentro.com

 
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