domingo, 23 de diciembre de 2012

Una súplica desesperada de justicia y libertad


Dania Virgen García

Miles de condenados a lo largo y ancho de la Isla acuden a las huelga de hambre cada año como única vía de exigir que se respeten sus derechos como seres humanos.

La gran mayoría de los que se lanzan a las huelgas hambre lo hacen consientes de arriesgar sus vidas en el intento. Lo hacen como única salida para reclamar justicia y transparencia ante procesos legales manipulados que demuestran la ausencia total de garantía en la legislación procesal penal, y que ponen en evidencia el contradictorio sentido de justicia de los tribunales populares y provinciales, comprometidos con los órganos represivos al servicio del régimen.

La policía, la fiscalía y los tribunales conforman una maquinaria de destrucción masiva: juicios manipulados,  procesos amañados, han sido constantes  por más de medio siglo.

A todo esto hay que agregarle las excesivas sanciones, condenas que oscilan entre los 20 y 30 años hasta las cadenas perpetuas por delitos de mínima severidad, en su mayoría en delitos no probados. Las condenadas  son aplicadas a manera de escarmiento.

A estos tratos inhumanos no están sometidos los corruptos del MININT, los Cuellos Blancos, sancionados por delitos económicos, que son  amparados por la policía, la fiscalía, y los tribunales.

Muchísimos presos carecen de recursos para contratar un abogado y los que  logran contratarlos terminan defraudados, producto de la incompetencia y la carencia de respeto ante los letrados.

En Cuba los abogados carecen de autoridad y prestigio. Pocos logran darse el lujo de ganar un proceso y cuando lo logran es mediante el lucro y la corrupción.

Tal es así que a las cárceles son enviados los pobres, y mayoritariamente los  más marginados de la sociedad civil, mientras que los corruptos continúan malversando  con impunidad.

Los condenados que acuden a las huelgas de hambre dentro de las cárceles, y en una unidad de instrucción policial se enfrentan a las torturas más crueles y los más infernales maltratos físicos que puede soportar un ser humano.

Para el MININT y su fuerza de represión la huelga no es un derecho sino una indisciplina grave que debe ser reprimida con  severidad, por eso los huelguistas son enviados a las celdas de castigo donde priman el aislamiento  y el abandono legal. A medida que pasan los días, las autoridades carcelarias los torturan físicamente, los privan de cama, colchón,  agua potable, ropa, y hasta le niegan la asistencia médica, no importándole los que les pueda pasar.

En los casos que continúan la huelga y soportan las torturas, son enviados a otras prisiones donde el rigor y los tratos crueles son más fuertes.

Según refiere el reo Jorge Alberto Liriano Linares, de Kilo 7, provincia de Camagüey, los presos de esa prisión son enviados a la famosa tapiada de la prisión de máxima severidad Kilo 8, donde estuvo una vez el mártir Orlando Zapata Tamayo. Allí  los huelguistas son golpeados salvajemente, torturados, esposados a las rejas a un metro del piso por espacio de muchos días. Esta prisión y otras del país, cuentan con especialistas en torturas  del MININT.

A veces las víctimas son hospitalizadas cuando les quedan escasas posibilidades de sobrevivir y entonces los médicos realizan su trabajo sin oponerse.

Lo más doloroso es que la máxima dirección del país tiene mucho de culpabilidad  ante este fenómeno de las huelgas de hambre a las que se lanzan miles de cubanos presos  en una súplica desesperada por la justicia y  la libertad.

dania@cubadentro.com

 
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