domingo, 12 de agosto de 2012

El que me haga sombra se va


Aimée Cabrera

El Cabildo, un cabaret que contaba con un teatro al aire libre, bar y restaurante con más de cien sillas, ubicado en Calle 4 entre 7ma y 9na en Miramar, municipio Playa dejó en la calle a unos 130 empleados, después de aparecer publicado un reportaje de una agencia acreditada, bajo el título de “En Cuba, un cantante de ópera construye un imperio”.

Caracterizado por la venta de comidas y bebidas, así como por un espectáculo musical nocturno, producido por la compañía Ópera de la Calle, la cual fusiona ópera, zarzuela, rock, pop y ritmos cubanos, lograba con su recaudación, pagar buenos salarios a los músicos, cantantes, bailarines y camareros.

Los clientes cubanos pagaban un boleto de dos dólares, mientras que a los extranjeros  se les cobraba diez dólares de domingo a jueves y 25 dólares por el programa cultural de los fines de semana.

Ulises Aquino, prestigioso barítono al frente de Opera de la Calle tuvo el ingenio de, bajo el permiso del Ministerio de Cultura, unir las licencias de tres restaurantes y crear uno, en un local que estaba en condiciones precarias consiguiendo además, un empleo no estatal, como “organizador de eventos y otras actividades”.

La recaudación, a decir de Aquino, posibilitaba ganancias mensuales de entre 1,800 y 2,000 CUP (unos 80 dólares); sueldos muy por encima de los oficiales, pero fue cuestionado por enriquecimiento y por cobrar la entrada de un espectáculo ya subvencionado. Por tal motivo, el negocio quedó cancelado y las licencias retiradas.

Es tradicional que los funcionarios del  gobierno cubano estén a la caza de quienes logran con su talento una prosperidad por encima de la media. En el caso de Aquino, quien trató de brindar un espectáculo a la altura de su compañía, y a la vez, estimular al colectivo de trabajadores, su esfuerzo no fructificó.

Si los salarios eran buenos, no eran la gran maravilla, para injuriar con la palabra enriquecimiento; pero en un país donde se exacerba el secretismo, existe la doble moral, y la mentira se impone a la transparencia, es de suponer que lugares como El Cabildo sean eliminados.

Experiencias como estas hacen que el cubano inmerso en esta nueva actividad, prefiera ser amable sin dar detalles a quienes desean hacer reportajes sobre el cuentapropismo, para de esa forma,  evitar la inmediata represión estatal la misma  que hace recordar la frase del programa humorístico dominical, “¡El que me haga sombra, se va!”.

aimeecabcu2003ster@gmail.com

 
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