lunes, 23 de julio de 2012

Desalojo en Wajay


Dania Virgen García

Ana Dismérida Fonseca Febles, residente en Línea 604 interior, entre B y C, Vedado municipio Plaza, desde hace casi dos años enfrenta las injusticias que se han  cometido contra su hijo, quien finalmente fue desalojado, el pasado día 28 de junio, por el Poder Popular del municipio de Boyeros, la Policía, la Dirección de  Vivienda y la Delegación Municipal del Ministerio de la Agricultura de la  finca número 55, en El Wajay.

Esta familia pobre desde el mes de agosto del pasado año enfrentó una verdadera guerra sicológica por parte de los inspectores, que cada quince días les daban un plazo de 72 horas para abandonar las tierras  y amenazarlos con el desalojo a la fuerza de no irse por sus propios medios.

Yeider Martell Fonseca, desde hace más de seis años vivía en dicha finca. Cultivaba las tierras que estaban ociosas, junto a su esposa, Tamara Moya Lezcano. Ambos tienen un niño de seis años, que es débil visual. Con Martel Fonseca vivían además sus suegros, y un hermano de su esposa.

La familia realizó cuantas gestiones fueron posibles en los órganos del estado para que el caso se revisara porque los funcionarios del Ministerio de la Agricultura habían realizado un proceso amañado, con  denuncias y anónimos hechos por  Agustín  González  Blanco, vecino colindante de la finca, el cual fue delegado del Poder Popular durante más de una década y miembro del Gobierno municipal. También se apoyaron en Lázaro Álvarez Padrón, un militante del PCC que se aprovecha de su carné para perjudicar a todo aquel que le moleste.

A los agricultores se le dice que la tierra es del que la trabaja, que en Cuba se acabaron los desalojos de campesinos, pero en este caso es más que evidente que todo es una  mentira. Esta familia es solo es una más entre las que sufren de problemas similares y peores en todo el país.

Esta familia de seis personas, entre ellos dos ancianos, y un niño enfermo, fue desalojada como si fueran delincuentes, no teniendo en cuenta que son personas honradas que  viven de trabajar la tierra.

El suegro Yeider Martell fue combatiente de la revolución desde los trece años, estuvo en Angola y tiene más de 12 medallas. Hoy está  jubilado con una chequera que no le alcanza ni para comer.

La Empresa de Cultivos Varios le entregó legalmente  en el año 2006, estas tierras a Martell Fonseca, en la cual trabajaron y vivieron hasta el pasado 28 de junio.

En el año 2009 la empresa declaró dichas  tierras ociosas por no tener recursos  para mantenerlas con el objetivo de que le fueran otorgadas a Fonseca en un usufructo  gratuito según el decreto Ley 259.  Pero después de 6 años le fueron arrebatadas  para entregárselas al ex delegado del Poder Popular para que pastoree sus reses.

Asegura la madre de Martell que el suegro de su hijo “ha planteado el problema de estas tierras a la Asociación de Combatientes de la Revolución, pero lo han tratado como un perro, mandándolo con su esposa e hijo y todas sus pertenencias con sus pertenencias para la terminal de trenes para que se fuera para su lugar de origen, Ciego de Ávila”.

Cosas como estas le suceden aquellos que lucharon por la revolución, creyendo en sus   mentiras, aunque aun muchos están dispuestos a dar sus vidas por ella. Parece que  tienen que sufrir para que  abran sus ojos.

El padre de Ana Dismérida es Argimiro Fonseca Fernández, quien perteneció a las guerrillas castristas, pero  por no estar de acuerdo con el comunismo se fue para los Estados Unidos. En el año 1963 trató de entrar a Cuba, solo con un revólver, fue atrapado, herido y  fusilado por traición a la patria, sin darle el derecho ni siquiera a que viera a su esposa y sus ocho hijos antes de morir. Hasta la fecha no sabe dónde fue enterrado ni el día en que murió, ya que publicaron en un periódico oficialista que había sido fusilado al amanecer de un día 13 de noviembre, pero sin decir de qué  año.

dania@cubadentro.com

 
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