domingo, 29 de enero de 2012

Una pérdida más de la sociedad civil cubana

Aimée Cabrera

 

Quienes están a favor de un cambio que muestre el verdadero cumplimiento de la Declaración Universal de Derechos Humanos, adoptada y proclamada por la Asamblea General, Resolución 217-A (III), del 10 de diciembre de 1948, sienten vergüenza e impotencia ante la muerte de Wilman Villar Mendoza el pasado 19 de enero del 2012.

 

Diferentes medios de prensa acreditados en Cuba y otros desde el exterior, así como muchos funcionarios de entidades internacionales de prestigio,  lamentaron la muerte de Wilman Villar Mendoza y no se concibe, aceptar lo expuesto por la prensa cubana en detrimento de quien era ante todo, un ser humano.

 

Las críticas sobre las condiciones en que cumplió condena son contundentes: si recibió atención médica por qué murió; el hecho de que un preso se declare en huelga de hambre debe constituir una alerta para las autoridades del centro penitenciario, pues se debe evitar el fallecimiento, con la debida atención médica.

 

No es un problema de desmentir lo publicado por la prensa oficial, el hecho llegó a su punto irreversible, al que nunca debía de haber llegado, ya no hay remedio, contra la muerte nada se puede.

 

Es urgente que mejoren las condiciones de vida y el trato a los presos ellos, por el motivo que sea, son ante todo personas. Muchos han podido emigrar con sus familiares pero otros quedan encarcelados o son enviados a prisión por pertenecer a grupos  pacíficos, que exigen sus derechos como ciudadanos de una nación que se vanagloria de su democracia.

 

Sus familiares son asediados y los que se solidarizan con el  familiar encarcelado son marginados por el resto de la familia amedrentada. Como mismo Villar pidió que le revisaran su causa y no fue escuchado, otros en similares condiciones, y sin esperanzas de salir de la cárcel pueden  morir en un futuro,  por hacer huelga de hambre.

 

Un nuevo temor para los familiares de tantos cubanos encarcelados por motivo políticos que el gobierno encubre, alegando que son delincuentes. Según declaraciones de la esposa de Wilman y de quienes le conocieron, el joven de 31 años, era un obrero  decente, padre de familia y cristiano; aunque estos comportamientos no son suficientes, si la persona tiene un criterio y lo expone sin temor, o si se une a otros con transparencia, manifestando su desacuerdo ante la política gubernamental.

 

La huelga de hambre esta vez se apuntó una nueva víctima. Aún están en la memoria  los casos de los disidentes Pedro Luis Boitel en el 1972 y el de Orlando Zapata el pasado año, hechos que no deben repetirse.

 

Las condiciones de vida paupérrimas no solo afectan a los presos, sino al pueblo cubano que reside en la Isla. Las entidades internacionales, sus funcionarios, las iglesias y todo el que sienta amor y solidaridad por cada cubano pobre, que vive sin garantías y reprimido deben propiciar, con su esfuerzo que  el gobierno cubano tome conciencia de cuán necesaria es la  transición pacífica que puede convertir al país en una verdadera democracia.

 

aimeecabcu2003ster@gmail.com


 
Design by Wordpress Theme | Bloggerized by Free Blogger Templates | coupon codes