domingo, 29 de enero de 2012

La última tarea

Aimée Cabrera

 

Varias vidas  que recién comenzaban fueron atrapadas en el derrumbe del edificio ubicado en la Calle Infanta, en una de sus zonas, donde se unen los municipios Plaza y Centro Habana; en la noche del martes 17 de enero de 2012, producto de un derrumbe, debido al precario estado del inmueble.

 

“Ellos estaban en casa de un compañero de aula haciendo un trabajo (deber escolar) cuando se derrumbó el edificio. El abuelo del joven estaba en el balcón y vio como cayeron sus cuerpos”-dice la madre de dos adolescentes residentes cerca del trágico lugar.

 

“Yo tengo que pasar por allí todos los días para ir a mi trabajo  y siempre camino por la acera de enfrente, las casas de toda esa cuadra, están en muy mal estado, eso es un peligro, pero tiene que pasar una tragedia para que hagan algo”-alega un obrero capitalino.

 

“¿Si fuera esa la única calle con los edificios cayéndose?, a veces hay que ir por el medio de la calle, los balcones con las cabillas afuera, las columnas con grietas, pasa un camión o una guagua (ómnibus) y sientes que te vibran los pies, no importa, si se cae, te mandan para un albergue y tienes que estar allí pasando trabajo hasta que les dé la gana de darte una  casa bien lejos”-comenta una vendedora ambulante.

 

“Yo no quiero imaginarme que pase por La Habana un ciclón fuerte, van a quedar muy pocos edificios en pie. No les interesa nada, si se caen hacen un parqueo y se acabó”-resume un jubilado sentado en el parque de Infanta y 27.

 

En la mañana del miércoles 18, el comentario de muchos capitalinos era referente al derrumbe del inmueble de la Calle Infanta, el acostumbrado silencio de la prensa oficial, fomentaba el pánico y se hablaba de muchos muertos y heridos.

 

A los dos días, la primera plana del periódico Granma, órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba ofreció una noticia titulada Pentágono calcula 19 000 casos de abuso sexual dentro de las Fuerzas Armadas, con foto incluida, tomada de Cubadebate; sin embargo, fue menos importante la pequeña nota que bajo el título Lamentable accidente por derrumbe de un edificio, apareció en la página 2, con una foto donde no se podía apreciar la magnitud de la catástrofe. El noticiero de la televisión leyó la nota, y eso fue todo.

 

“Menos mal que dijeron los nombres de los muertos, esos son nombres de niños o gente muy joven, cuando se desplomó la casa de San Miguel y Belascoaín, no se dijo nada, las personas y los muebles cayeron en el piso de abajo, el tráfico estuvo desviado muchos días pero no se dijo (publicó) nada”-enfatiza una residente del barrio Cayo Hueso.

 

La situación habitacional en la capital es crítica. Por más de 50 años han sido muy pocos los edificios y casas remozados con calidad. Brigadas constructivas lejos de reparar, se roban los materiales asignados para los arreglos y los venden.

 

Otras variantes como la venta de materiales constructivos no da abasto con la demanda; sin contar con quienes viven en un nivel de pobreza tal, que no pueden acometer estos tipos de reconstrucciones de manera privada, ni pueden pedir un préstamo bancario, porque no se los dan.

 

Hace unas décadas, los distintos barrios que conforman la capital eran descritos como barrios buenos o malos. Así Víbora Park, el Vedado o Sierra eran zonas escogidas, mientras que La Timba, Pogolotti, o Belén, eran zonas más bien marginadas.

 

Ahora todo ha cambiado. La casa fea o bonita, el edificio impecable o apuntalado, el solar (casa de vecindad) y sus tropelías aparecen por doquier, lo mismo en Miramar que en Centro Habana o Luyanó. Una estrategia funesta ha sido la de demoler los edificios en pésimo estado, enviar a los afectados a un albergue (que puede estar en buenas condiciones o no), y poco a poco irlos ubicando en barriadas de la periferia como Alamar o San Agustín.

 

“Imagínate que soy nacida y criada en el centro de la capital, donde está todo. Un buen día dijeron que el edificio era inhabitable, nos quedamos, y nos sacaron, estuvimos unos añitos (pocos años) en un albergue que estaba regular, y de ahí para Alamar; pero seguimos trabajando y estudiando en La Habana. Para salir y llegar (a Alamar) es una tragedia, te metes (permaneces) horas en la parada porque el rutero vale cinco pesos y un carro veinte: la cuenta no da, hay que esperar y esperar”-subraya una joven trabajadora del sector de la educación, en la parada de 27 y G donde comienza su itinerario la ruta  P-11.

 

Una variante más aceptable sería la de construir en el centro de la ciudad, y aprovechar espacios. La manzana que comprende las calles Lucena, Ánimas, Concordia y Belascoaín, en el municipio entro Habana, y a escasos metros del Hospital Amejeiras es un descampado. Hace unos años era un área donde había un antiguo hotel, una fábrica de tabacos y diversos residenciales, todo vestigio constructivo allí  desapareció.

 

Otro tanto ocurrió con el edificio Alaska en la céntrica esquina de 23 y M en La Rampa del Vedado. El edificio de grandes dimensiones y varios pisos fue demolido, lo que pudiera convertirse en un parque es un área rodeada por cercas con prohibido acceso a la misma, ¿por qué no aprovechar ese espacio, o es que a la aledaña instancia del Partido Comunista, no le conviene tener vecinos tan cerca?

 

Las descripciones de inmuebles a punto de caerse, de cientos de miles de personas que acuden a las distintas instancias del Instituto de la Vivienda (donde sus funcionarios y trabajadores son unos de los más corruptos, a escala nacional) serían interminables. El burocratismo, el soborno y la indolencia se dan la mano y en nada ayudan a los más necesitados.

 

Minutos, horas, semanas y años de silencio para honrar a los que como Yexnis Rachel, Sheila, Daniela o Jorge Osvaldo murieron aplastados por viejas paredes, balcones y columnas que truncaron sus sueños de esmerarse en ser buenos estudiantes o ciudadanos respetables.

 

El luto llegó, de manera sorpresiva, a varias familias cubanas. Quizás otros niños y adolescentes, con similares nombres de moda  y anhelos, puedan salvarse junto a sus familiares;  huyendo, más que emigrando, a otras naciones que sí garantizan el decoro al que aspira todo ser humano.  

 

aimeecabcu2003ster@gmail.com


 
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