domingo, 18 de diciembre de 2011

Odisea de los viajes cubanos

Rogelio Tavío Ramírez

 

Una de las necesidades del cubano, en la más oriental de las provincias del país, “Guantánamo” tener que viajar hacia el occidente, fundamentalmente la Habana. Debido al alto precio del pasaje en Avión que es de $ 220 pesos moneda nacional, Ómnibus $ 175, Tren $ 32, lógicamente a las personas de bajos ingresos no les queda otra alternativa que optar por la última opción. Seguidamente, una vez que logras comprar un boleto después de largas horas en colas y pasar mala noche en lista de espera y reservaciones, por fin llega un poco de sosiego para él que con tanta necesidad quiere viajar.

 

La odisea comienza una vez abordado el transporte ferroviario. Existe una característica identificativa que describe al cubano “la paciencia”. Gran desconcertó causa el tener que esperar como si fuera poco la salida de un tren fuera de hora. Ya puesto en marcha el viaje percibes la ineficiencia del servicio, puesto que la falta de higiene de los coches, la incomodidad de los mismos, los malos servicios de ofertas gastronómicas son factores que aumentan la decepción  sistémica y el interés particular. No se tiene un salario decoroso o transporte propio como los altos funcionarios del gobierno que gozan el privilegio de disponer de los medios estatales como si fuesen privados.

 

En reiteradas ocasiones se han formulado quejas concernientes a las condiciones paupérrimas del vehículo. Los baños son las principales fuentes de crítica, puesto que no gozan de higiene. Dirigirse a los mismos cuesta mucho trabajo, tener que soportar la fetidez asfixiante es un verdadero problema para las personas.

 

Se han registrados varios casos de fallecimiento durante el viaje, 6 casos en lo que va de año, más 22 personas que perecieron el año pasado. Los que viajan a partir de cierta edad avanzada no pueden sufrir de conmociones algunas, y es algo que se afronta a medida que perciben el estrés y agotamiento por las vicisitudes y retrasos del tren de 24 hasta 30 horas en las vías.

 

Hay algo que se denota mucho a mi modesto modo de ver las cosas, presenciar la falta de alimento durante el trayecto, las pobres ofertas gastronómicas del servicio ferroviario el precio de un refresco enlatado de $10 pesos, un pomo de agua los particulares 10 pesos, un pan con una pequeña lasca de jamón transparente y queso $ 5 pesos, sorbetos entre algunos productos, son cuestiones que infartan a cualquiera que no se prepare física, sicológicamente y con provisiones para el viaje. Por otra parte el asedio de los policías contra los vendedores cuentapropistas en los distintos puntos de embarcación de las provincias intermedias. Son estas personas los que sacan de apuros al que viaja en la torturadora vestía de hierro sobre ruedas procedente de la Habana hacia Guantánamo o cualquier otra provincia. Ciertamente nos queda por decir “Viajar en Cuba es toda una Odisea”.


 
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