miércoles, 30 de noviembre de 2011

La Dirección de Vivienda sigue ahí

Luis Cino

 

Quisiera creer que no todo puede ser absolutamente malo. Pero no puedo. Cuando en los Decretos Leyes Raulistas, que tanto ilusionan a los cubanólogos y a cierta prensa extranjera, encontramos algo positivo, en una segunda lectura siempre  afloran, entre otras cosas, las trampas y la maraña.

 

Y no me refiero a las ganancias que sacará ahora el Estado -que como Jalisco nunca pierde, ni a las escupidas- de los trapicheos con las casas que escapaban a su control, y que ahora en lugar de ir a parar al bolsillo de funcionarios corruptos, se convertirán en impuestos.  

 

Tampoco hablo -porque ya hablé de eso y no me gusta ni imaginarlo-, de los conflictos casi siempre violentos  que protagonizarán los que en este reacomodo -que resultará muy incómodo si el gobierno no se decide a construir casas para complementar la Ley de la Vivienda- se queden en la calle y sin llavín. 

 

Como ya estoy casi resignado -¡qué remedio!- a que Cuba con el timbirichero capitalismo de estado que se nos vino encima, se acerque cada vez más al lado feo de lo que llaman “la normalidad” -claro que pienso en las villas miserias latinoamericanas, Fernando Ravsberg-, tampoco hablaré demasiado de  la agudización de las diferencias sociales entre la mayoría que vive en pocilgas en equilibrio milagroso y los privilegiados proto-capitalistas que morarán los barrios de nuevos ricos o se mudarán  (venia mediante) a las zonas congeladas de la capital para hacer causa común con la elite en el vacilón proto-burguesón.

 

Me jode  haber creído que  nos íbamos a quitar de encima los abusos, robos y extorsiones de la mafia burocrática de la Dirección de Vivienda. De eso nada, monada. Antes de cantar victoria, debí haber sospechado que los burócratas mafiosos no iban a quedar abandonados, sin tener cómo ni a quién robar.

 

Resulta que para vender o comprar casas en los municipios capitalinos más densamente poblados (10 de Octubre, Centro Habana, Habana Vieja, El Cerro) se requiere el visto bueno de la Dirección de Vivienda. Todavía peor: cualquier trámite domiciliario en la capital que realicen personas del interior del país sin residencia legal en La Habana -recordemos la existencia de la discriminatoria ley 217, reminiscente del estalinismo, el apartheid y otras barbaridades- requerirá también de la autorización de la corrupta Dirección.

 

Y ahí mismo está el filón de los corruptos: siguen, porque nunca se acabaron,  los robos y las extorsiones de la Dirección de Vivienda. ¿Quién dijo que se acabó el abuso? Que se preparen, para el chantaje y los sobornos, los palestinos de los llega y pon y los habitantes de las cuarterías y los solares habaneros. Los funcionarios de las direcciones municipales y provinciales, tan mafiosos y chupópteros como siempre, que se cagan en la cruzada anticorrupción y se limpian con la nueva Ley de la Vivienda, ya inventarán su maquinaria para robar en las nuevas circunstancias y apretarán las tuercas para exprimirnos.        

 

Como los Van Van, la Dirección de Vivienda sigue ahí. ¡Allá los bobos que nos creímos que íbamos a salir tan fácil de los mafiosos!

 

luicino2004@yahoo.com


 
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