lunes, 19 de septiembre de 2011

A punto de cumplir el año

Aimée Cabrera

 

El trabajo por cuenta propia cogió auge a partir de las actividades que el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) ofertó en cifra de 178, de la cuales 83 podrían contratar fuerza de trabajo sin que ésta tuviera vínculo familiar con el titular.

 

No todo  ha sido perfecto en estos meses. Primero porque no existe el lugar donde el cuentapropista pueda adquirir la materia prima que necesita, segundo lo alto a pagar por concepto de contribuciones e impuestos, lo que deja casi sin ganancia a quienes trabajan de sol a sol.

 

Comienza la competencia, y ese es un buen aspecto. “Prefiero gastar un poquito más y quedar satisfecha” -dice una trabajadora de la Salud que degusta un emparedado y un batido de frutas. A unos pasos de la cafetería, que no es más que la ventana de una casa en bajos, están los panes con croquetas de una cafetería estatal que parecen fósiles.

 

No han sido meses fáciles para quienes quedaron disponibles y tuvieron por primera vez que realizar trabajos en nada parecidos a sus profesiones u oficios. Carla vende bisutería en la puerta de su vivienda, cercana a la parada de ómnibus.

 

Con esmero y buen gusto muestra todo tipo de bisutería moderna a distintos precios, Ella acepta que le paguen en ambas monedas y es solícita en la atención al cliente. Dos adolescentes ríen  no se deciden por un adorno para el cabello, ella sugiere y atina.

 

Nada así sucede en una tienda del Estado. Allí las dependientas hacen muestreos de sus mercancías, a sabiendas  de que hay público que espera ser atendido. O responden de mala forma cuando se solicita una mercancía.

 

Proliferan en estos momentos distintos espacios convertidos en ferias en las que se venden ropas, zapatos, carteras, cintos y otros artículos de buena calidad. Pero  al estar a la intemperie pierden en calidad. Cuando llueve de pronto, las ferias se convierten en techos confeccionados con distintos materiales sintéticos que le restan mucho a estos  locales improvisados.

 

“Todas esas tiendas que eran tan lindas  y ahora están llenas de  ropa reciclada rota y vieja y de tantas cosas que nadie compra, por qué no se les alquilan a estos artesanos y vendedores que tienen buenas mercancías, que se ocupen de ponerlas bonitas, el cubano inventa, ahora no se puede querer controlarlo todo”-argumenta un jubilado que quiere hacer un regalo a su nieta de 15 años.

 

Las iniciativas de los trabajadores privados, en cuanto al lugar de venta, no siempre lucen acordes al entorno. La solución no es multar y hostigar con desenfreno, sino ayudar a estos nuevos trabajadores sin tantos burocratismos, en aras de embellecer la ciudad que, en algunas de sus áreas más céntricas  se ve deslucida por los locales de venta rústicos.

 

La Habana tiene un alto reto y 4es que el gobierno de la capital permita que los cuentapropistas tengan cierta autonomía para salvar la imagen urbana de una ciudad que en décadas pasadas fue comparada con las urbes más famosas del  mundo por su arquitectura, su mar y su gente carismática.

 

aimeecabcu2003ster@gmail.com

 


 
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