domingo, 7 de agosto de 2011

Un escritor con un ego muy grande

Luis Cino

 

(CPD) - De los  informantes de la Seguridad del Estado destapados la pasada primavera en el programa televisivo Las razones de Cuba,  Raúl Capote demostró ser  el único con dos dedos de frente y capacidad para fabular. Pero como ocurre invariablemente a los topos después que los destapan, parece que se lo  tragó la tierra. Luego de los homenajes iniciales, ahora Raúl Capote es muy conocido y querido…en su casa.

 

Si vuelvo sobre el tema del para nada dichoso descapotado no es porque haya un nuevo episodio de su saga, sino porque acabo de leer  la extensa entrevista que concedió a Enrique Ubieta para el número 35 de la publicación mensual La calle del medio.

 

La entrevista fue días antes del destape televisivo –no dudamos de la confianza depositada por la Seguridad del Estado en Enrique Ubieta-, pero debido a problemas de impresión, el número salió con varias semanas de retraso.  Gracias a ese contratiempo, Capote, con esa entrevista, logró volver efímeramente al candelero para lucir la chaqueta, no sólo la de súper-agente sino también la de escritorzazo.

 

Según Capote, la CIA andaba “desesperada buscando un escritor cubano disidente…y no había en ese momento alguien que ellos pudieran presentar como un escritor disidente, una especie de Solzhenitsin…” Y por eso lo eligieron a él.

 

Nos pusimos de suerte. Si son tan torpes, tienen tan mal gusto literario y crean tales trastornos de la personalidad, ¡Dios nos guarde a los escritores disidentes de los agentes de la CIA!

 

Raúl Capote admite: “Habría que tener una autosuficiencia muy grande para creerte historias como esas que decían para adularte, que eras el mejor escritor cubano del momento, etc. Todos los escritores somos autosuficientes y nos creemos los mejores del mundo y pensamos que nuestra obra va a ser genial, pero hay que tener una medida de lo que es razonable”. 

 

En su caso, la medida  no funcionó, porque de ser exactamente como lo cuenta, Capote, un escritor con un ego muy grande, se creyó lo que le hicieron creer los yanquis que deben haber  advertido su vanidad. Capote el Elegido, luego de  ser atendido por tantos oficiales de la CIA y estar con los funcionarios diplomáticos, del lado de allá del cristal de la sala de video-conferencias de la Sección de Intereses Norteamericana, ahora se cree en la cima, no sólo de la contrainteligencia, sino también de la literatura cubana.

 

Así, en la entrevista,  Capote asegura categóricamente que “hay muy pocas excepciones de libros hoy que uno pueda leer con pasión”. No le gustan “las críticas muchas veces fuerte de la realidad cubana” y  las novelas “que dicen las cosas que están mal”. Se queja de la falta de héroes literarios. “¿Cómo encontrar hoy en día personajes como los de Dostoievsky?”, se pregunta. Supongo que  lamente que además de “El idiota”, el escritor ruso no haya escrito también alguna novela titulada “El informante”. 

 

 Capote, en un intento de revivir el realismo socialista en plena posmodernidad, propone crear héroes literarios tomados de la cotidianidad, como por ejemplo, los profesores emergentes. O un personaje como él mismo. Por lo pronto ya tiene un libro escrito sobre sus experiencias de agentón. Por suerte para la literatura, advirtió que su publicación puede demorar muchísimo. Explica sin pudor alguno que tiene el libro reposando, “hasta que me digan que puedo publicarlo, si consideran que es literariamente valioso”.  No hizo falta que aclarara quienes hacen tales valoraciones. No deja de ser conveniente que alguien, aunque sea los jefazos de Seguridad del Estado -qué remedio, alguien tiene que hacerlo-, le baje los humos literarios a un escritor tan presuntuoso.

 

luicino2004@gmail.com  


 
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